12/10/21

De futuro o de presente

 Nota publicada en https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/eduardo-bertoni/futuro-presente.html


"Joe 90” fue una serie para niños y niñas que se hizo a finales de los 60. Ya pasaron al menos cincuenta años. Básicamente proponía una tecnología que permitía a Joe, un niño, incorporar rápidamente los conocimientos que necesitaba para realizar distintas misiones como espía.

Si hacía falta que manejara un jet, en pocos minutos y conectado a una inmensa máquina con electrodos en su cabeza, obtenía los conocimientos que se le transferían de un piloto avezado. Si requería saber otro idioma, conocer la geografía de un lugar para escalar una montaña, o lo que fuera, en instantes su cerebro incorporaba los conocimientos. A mi la serie me impactó mucho de pequeño: yo quería esa máquina para saberlo todo y rápidamente. Hoy, esa posibilidad empieza a dejar de ser un cuento de ciencia ficción. 

El diseño de las “interfaces cerebro-computadora” (BCI, por su sigla en inglés) está dando ejemplos de los avances de la industria. Por ejemplo, Facebook, en una conferencia pública hace poco más de un año presentó un estudio publicado en la revista “Nature-Neuroscience” que explicaba la posibilidad de decodificar la actividad neuronal para que pudiera ser transmitida directamente a una pantalla de una computadora o teléfono inteligente mediante BCI no invasivas. En otras palabras se busca desarrollar una interfaz de voz silenciosa no invasiva para la próxima plataforma informática. 

En el sitio de Internet de “Iota”, una empresa de biotecnología, se puede leer que “Iota posee una licencia exclusiva para dispositivos bioelectrónicos de tamaño milimétrico impulsados por ultrasonidos desarrollados en UC Berkeley. También conocidos como "polvo neural" debido a su pequeño tamaño y su capacidad para interactuar directamente con el sistema nervioso central, estos dispositivos implantables sin batería permiten a los médicos acercarse más que nunca a las causas internas de la enfermedad de forma segura”.

Finalmente, una de las empresas de Elon Musk, Neuralink, tiene en su presentación institucional el siguiente objetivo: “Estamos creando el futuro de las interfaces cerebrales: construyendo dispositivos ahora que ayudarán a las personas con parálisis e inventando nuevas tecnologías que expandirán nuestras habilidades, nuestra comunidad y nuestro mundo”.

Ante esta realidad, el Comité Jurídico Interamericano -CJI-, uno de los órganos de la Organización de los Estados Americanos -OEA- acaba de aprobar una declaración sobre “Neurociencia, Neurotecnologías y Derechos Humanos: Nuevos Desafíos Jurídicos para las Américas”.

En este documento se explica que “los avances de la neurociencia y el desarrollo de las neurotecnologías plantean importantes preocupaciones éticas y jurídicas sobre su impacto final en principios, derechos y libertades fundamentales como la dignidad humana, el libre desarrollo de la personalidad, la identidad y la autonomía, el derecho a la privacidad e intimidad, la libertad de pensamiento y de expresión, la integridad física y psíquica, el disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental y el acceso a remedios, la igualdad ante la ley, así como a la protección judicial en caso de daños, entre otros”.

La Declaración muestra su preocupación por la ausencia de regulaciones específicas de las neurotecnologías y por ello, luego de describir los riesgos y derechos posiblemente vulnerados por el mal uso de estas tecnologías, se hacen una serie de recomendaciones a los Estados, el sector privado, la academia y el mundo científico.

Entre esas recomendaciones hay un llamado específico a prestar especial atención al desarrollo de estas tecnologías mediante regulaciones que ofrezcan salvaguardas suficientes para que su desarrollo e implementación no constituyan amenazas a los derechos humanos. Se impulsa además, la adopción de medidas para que el uso de las tecnologías basadas en interfaces cerebro-computadora solo persigan finalidades legítimas, debiéndose prohibir su uso para fines de control social o de vigilancia masiva de los ciudadanos.

Para terminar, y volviendo al comienzo con el relato de mi experiencia personal de cuando era un niño: la máquina que utilizaba Joe en la serie de hace cincuenta años está muy cerca de ser una realidad. En buena hora y oportuna la Declaración del CJI. Estaba por terminar esta nota resaltando que el tema de la regulación de las neurociencias y los neuroderechos es un tema de futuro al que debemos atender desde una perspectiva de protección de nuestros derechos humanos. Por suerte antes de finalizar advertí el error. No es un tema del futuro. Es un tema de nuestro presente.



4/10/21

Ver en https://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/la-libertad-de-prensa-en-una-sociedad-democratica-por-eduardo-bertoni-noticia/




1/10/21

Increasing Trust In Our Digital Societies And Economies: A Key Factor To Improve Personal Data Protection

 Originally published at https://www.informationpolicycentre.com/cipl-blog/archives/09-2021

The pandemic caused by COVID 19 triggered many discussions about the benefits of “digital economies” and the mutation of our societies to what we can call “digital societies.” In truth, these discussions were latent. The health emergency only accelerated processes that were already in the works. As an example, teleworking was possible before the pandemic, but it has since become necessary, and as time passed, it became more and more incorporated into our lives. Similar processes took place in areas such as "telemedicine," or meetings to discuss global issues that today can be done at low cost by convening people from different countries virtually.


All these activities involve in one way or another the use or processing of personal data. If such use or processing is carried out without rules that we trust will protect our privacy, we run the risk of losing the enormous opportunities that technology offers us today.

The question we must answer is whether the rules that exist today are, in the first place, sufficient to generate trust in users and if, thanks to that trust, they might be useful for the continuation and development of what we now accept as usual activities in these “digital societies”. 

My answer is regrettably that they do not.

The rules that exist today to protect personal data do not generate trust because they are not accepted globally. And this is a problem because personal data is constantly moving across country borders. Preventing this flow makes it impossible for activities of digital societies to occur.

An important reason for the decrease in trust is that the lack of globalization of these rules prevents state entities in charge of protecting personal data -in the few cases that they exist and are independent- from enforcing their decisions. In other words, if a company is sanctioned in a country for violating data protection rules, it could evade the sanction for reasons of jurisdiction or applicable law. The consequence is that users in "digital societies" do not trust both in state institutions and rules that should protect them.

It is true that there are developments that can make us feel cautiously optimistic: the European Union’s push for processes to adapt its own rules (the GDPR) or the Council of Europe’s attempt to globalize Convention 108 are examples of measures that aim to globalize these rules. But, for instance, in Latin America there are very few countries considered to have adequate legislation or that are party to the Convention 108.

Consequently, one of the greatest challenges we face today is to work for an international treaty, with clear rules that can be followed in practice and enforced and ideally enforced globally. An agreement that brings States, companies, academics and users to the table for discussion is essential. Just as the pandemic accelerated the practices of the use of technology that were latent, the pandemic can also perhaps be a factor to accelerate the discussion and adoption of such a global agreement.